El mariscal de campo Diego Pavia, finalista del prestigioso Trofeo Heisman, tiene claro su próximo objetivo: llegar a la NFL.
Su camino ha sido poco convencional, pero respaldado por resultados que lo colocan entre los talentos más llamativos del fútbol americano universitario.

Con 1,78 metros, Pavia enfrenta una de las principales dudas de los evaluadores: su tamaño para jugar como quarterback en la NFL.
Sin embargo, el propio jugador responde con seguridad: “Pongan la grabación”, dijo durante el Combine. El mensaje es claro: que su rendimiento es capaz de él.
En su paso por los Vanderbilt Commodores, Pavia escribió una temporada histórica en 2025:

Fue nombrado Jugador Ofensivo del Año de la SEC y lideró al equipo a su primera campaña de 10 victorias.
Sus compañeros destacan su impacto más allá de los números.
Eli Stowers lo resume así: “¿Sabes jugar al fútbol americano este chico? Fue el mejor del país el año pasado”.
Mientras que Jordan White asegura: “Cada vez que le doy el balón, sé que hará una gran jugada”.
Las estadísticas no juegan a su favor:

Aun así, esos casos demuestran que no es imposible.
El recorrido de Pavía es una historia de perseverancia:
Incluso acudió a un tribunal para poder jugar su última temporada, en la que terminó de consolidarse.
Varias franquicias ya han mostrado interés:

Su amplio historial y experiencia —seis temporadas— ofrecen suficiente material para que los ojeadores evalúen su potencial real.
Lejos de las dudas externas, Pavía mantiene una convicción firme: “Soy humilde, pero mi confianza viene de mi proceso”.
Diego Pavia representa ese tipo de jugador que obliga a replantear los estándares tradicionales.
Con talento, liderazgo y una trayectoria marcada por la resiliencia, ahora busca demostrar que el tamaño no define el éxito en la NFL.
Fuente: The Associated Press.