
El dietista funcional y entrenador Juan Carlos Simó señaló en una entrevista en el programa El Sol de la Tarde que el problema no radica en la medicina moderna ni en fármacos como el Ozempic, sino en la forma en que son prescritos y utilizados por los pacientes.
“Decir que la medicina actual es mala sería ser injusto. Lo que es malo es cómo se practica y cómo se aplica”, afirmó. Explicó que medicamentos como los agonistas de la GLP-1 generan un efecto hormonal que retrasa el vaciado gástrico, regula el hambre y reduce la ingesta de alimentos, lo que facilita la pérdida de peso.

Simó advirtió que el uso inadecuado y prolongado de estos fármacos puede ocasionar resistencia, necesidad de aumentar las dosis y graves efectos secundarios, como pérdida de masa muscular, ceguera o incluso tipos de cáncer, según demandas judiciales en curso.
“El Ozempic no es malo, lo que pasa es que a las personas no les enseñan a utilizarlo como un recurso para cambiar sus hábitos, sino para mantenerlos bajo control”, sostuvo.

“Cuando tú tienes un especialista con compromiso moral y ético, sabe prescribir en función a que esa balanza vaya del lado tuyo y no en contra tuya”, concluyó.