
El mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció que la estrategia de máxima presión ejercida por Estados Unidos representa una medida coercitiva contra la población civil. Según la postura del gobierno isleño, las recientes sanciones y la restricción al suministro de combustible persiguen sofocar la economía local para inducir un estallido social.
Durante una reunión con sectores afines previa a las conmemoraciones del 26 de julio, el presidente insular exhortó a la comunidad internacional a condenar la injerencia de Washington. Sostuvo que tolerar este tipo de acciones sienta un precedente peligroso contra la autodeterminación y la soberanía de las naciones.
Díaz-Canel admitió las severas repercusiones que ha tenido el cerco petrolero sobre la vida cotidiana en la isla. El desabastecimiento de hidrocarburos ha agravado los continuos apagones en el territorio nacional y ha propiciado un deterioro progresivo en la red de salud pública, uno de los servicios fundamentales del Estado.
La estrategia estadounidense busca impulsar cambios políticos y estructurales en el país caribeño. No obstante, las medidas implementadas han sido cuestionadas por la Organización de las Naciones Unidas al considerarlas contrarias al derecho internacional, mientras la administración norteamericana insiste de forma paralela en abrir canales de negociación bilateral.