
Las prácticas clínicas de los estudiantes de Medicina están actualmente más planificadas y estructuradas, con rotaciones por los servicios esenciales para su formación.
En una carrera donde más de la mitad de los créditos corresponden a prácticas hospitalarias y con más de 54 facultades de Medicina activas —a las que se sumarán cuatro más en 2026—, la disponibilidad de centros sanitarios se ha convertido en un punto crítico, especialmente en grandes ciudades como Madrid, donde la capacidad docente de los hospitales universitarios está superada.
Según la normativa, las universidades públicas están vinculadas a hospitales públicos y el número de estudiantes en prácticas está limitado. No obstante, comunidades como Madrid o la Valenciana han flexibilizado estas reglas mediante convenios. El presidente de la Conferencia Nacional de Decanos de Medicina, Antonio Compañ, advierte de un “cuello de botella” que favorece prácticas poco activas.
El decano de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Arias, distingue entre modelos: mientras algunas privadas agrupan a muchos alumnos como espectadores, en la pública el estudiante se integra en equipos reducidos, con responsabilidad progresiva y contacto real con el paciente.
Los simuladores permiten entrenar procedimientos complejos sin riesgo para el paciente, reforzando la confianza y las habilidades técnicas. Aunque los decanos coinciden en que la simulación no sustituye la experiencia real, sí la complementa y ayuda a reducir el impacto del exceso de estudiantes, mejorando la calidad de la formación clínica.