
La captura de Nicolás Maduro tras una operación militar de Estados Unidos ha reavivado el debate en Little Havana, epicentro del exilio cubano en el sur de Florida, donde muchos ven el hecho con esperanza, pero también con cautela, ante la posibilidad de que marque un punto de inflexión para Cuba.
En la Calle 8, cafés y aceras se han convertido en espacios de discusión constante. “Yo quiero que Cuba sea libre también”, expresan algunos residentes, que aseguran que la isla ha sufrido durante décadas y que un eventual colapso del apoyo venezolano podría acelerar cambios políticos en La Habana.
El tema cobra fuerza tras declaraciones del presidente Donald Trump, quien afirmó que Cuba difícilmente podría sostenerse sin el petróleo venezolano, del que ha dependido por años. En la misma línea, el secretario de Estado Marco Rubio advirtió que el Gobierno cubano enfrenta serias dificultades económicas.

Pese al deseo de un cambio político, muchos cubanos rechazan una intervención militar directa. “Yo no estoy de acuerdo con los bombardeos, porque todo el mundo tiene familia”, dijo uno de los entrevistados, reflejando el temor a que un conflicto armado agrave la situación humanitaria de la isla.
Según datos oficiales, más de 1.8 millones de cubanos residen en Florida, muchos con décadas fuera de su país, pero atentos a cada giro político en la región. Para algunos, la caída de Maduro reaviva una esperanza largamente postergada; para otros, el escepticismo persiste tras años de ожидar un cambio que no llega.
Mientras tanto, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel reiteró que no permitirá que la alianza entre Cuba y Venezuela se derrumbe sin resistencia, subrayando la tensión regional que se mantiene viva. En Miami, el sentimiento dominante sigue siendo una mezcla de ilusión contenida y prudencia, a la espera de señales claras sobre el futuro de Cuba.