Mientras el debate global sigue atrapado en consignas sobre “desacoplamiento” y bloques ideológicos, Asia acaba de votar con los pies y con sus empresas. La imagen del presidente surcoreano Lee Jae-myung junto a los líderes de Samsung, Hyundai, LG y SK Group en Pekín no es una foto diplomática más: es una confesión estratégica. Y también una advertencia para economías abiertas como la dominicana.
Durante más de una década, Corea del Sur practicó una “ambigüedad estratégica”: seguridad con Estados Unidos, comercio con China. El experimento funcionó… hasta que dejó de hacerlo.
Las represalias económicas chinas tras la instalación del sistema antimisiles THAAD fueron una lección costosa para Seúl. Desde entonces, el mensaje fue claro: la geopolítica se cobra en la caja registradora. La visita de inicios de este 2026 no es ideológica; es contable. Reconocer la política de “una sola China” y el avance tecnológico chino es, para Corea, un seguro contra la volatilidad.
El punto más incómodo y más honesto del gesto surcoreano es admitir que China ya no es sólo la fábrica del mundo, sino también un competidor tecnológico de primer orden. En vehículos eléctricos, baterías e inteligencia artificial, Pekín dejó de ser alumno.
Los Chaebol entendieron algo clave: competir frontalmente en todos los frentes es perder. Integrarse, en cambio, permite asegurar suministros, escalar mercados y reducir riesgos. Para Samsung y SK, China es crítica en semiconductores; para LG, en baterías; para Hyundai, en la transición eléctrica. No estar allí y no estar juntos era el verdadero riesgo.

La presencia conjunta de los cuatro gigantes no es casual. En Corea del Sur, los Chaebol no acompañan la política: la empujan. Su alineamiento público envía un mensaje inequívoco a Washington y a los mercados: Asia prioriza estabilidad y crecimiento sobre consignas.
La foto es un mensaje poderoso. Y el mensaje es unidad nacional frente al socio comercial más grande del planeta.
Para Estados Unidos, este movimiento erosiona la narrativa del decoupling (desconexión o falta de sincronía en la fase del ciclo económico o financiero en que se encuentran dos países o áreas económicas). Para el mercado global, confirma algo que ya se percibía: Asia se consolida como bloque económico funcional, incluso bajo presión externa.
La diplomacia económica real es la que mueve capital, tecnología y empleo, está avanzando más rápido que los discursos.
Aquí es donde la noticia deja de ser lejana. República Dominicana es una economía pequeña, abierta y profundamente dependiente del comercio internacional. Nuestro dilema no es geopolítico-militar; es productivo y estratégico.
1. Continuidad pasiva: Seguir dependiendo de inercias tradicionales. Riesgo: quedar fuera de nuevas cadenas asiáticas.
2. Ajuste estratégico: Atraer inversión asiática vinculada a relocalización (nearshoring + friend-shoring). Requiere infraestructura, reglas claras y talento.
3. Oportunidad perdida: No leer el giro asiático a tiempo y competir sólo por costos, no por valor agregado.
La visita de Corea del Sur a China no es una anécdota asiática; es un manual de supervivencia económica. En un mundo fragmentado, los países que prosperan no son los más ruidosos, sino los más pragmáticos.
La pregunta para República Dominicana no es con quién alinearse, sino cómo insertarse inteligentemente en un comercio global que ya cambió de carril. Porque, como demostró Asia ahora en este mes de enero, la economía no espera a que la política se ponga de acuerdo.