
En un trayecto de apenas 300 metros, a lo largo de la calle General Cándido Vargas, en el municipio de Sabana Iglesia, se desarrolló la secuencia de hechos que terminó con la muerte de Yulenny Carolina Frías de León, de 32 años.
La mujer se había mudado hacía cerca de un mes a una vivienda que pertenecía a su abuelo, ubicada en un sector que los residentes describen como tranquilo. A corta distancia, separado por un terreno que conecta ambas propiedades, se encontraba una casa abandonada donde, presuntamente, se refugiaba Víctor González Martínez, señalado por las autoridades como el principal sospechoso.
El entorno donde ocurrió el hecho muestra la cercanía entre puntos clave: en un extremo se ubica el restaurante La Galería, donde Frías compartía con amistades horas antes, y en el otro el Ayuntamiento Municipal de Sabana Iglesia.
Diana Bourdiel Fernández, mejor amiga de la víctima y quien la acompañaba esa noche, contó que ambas estuvieron inicialmente en una zona conocida como “El Malecón” y luego se trasladaron al restaurante, donde todo transcurría con normalidad, entre risas y un ambiente tranquilo.
De acuerdo con su testimonio, alrededor de las 11:00 de la noche, Frías recibió una llamada de su expareja, quien le pidió un medicamento para el hijo que ambos tienen en común. Tras comentarle la situación, decidió salir sola en una pasola, pese a que su amiga le ofreció acompañarla.
Minutos después, la preocupación comenzó a surgir cuando los mensajes dejaron de ser respondidos. Inicialmente el teléfono mostraba actividad, pero poco después quedó sin conexión, lo que encendió las alarmas.
Poco tiempo más tarde, Francis, pareja actual de Frías, pasó por el lugar y se dirigió hacia la vivienda. En ese momento notaron que la casa estaba en llamas, sin imaginar que ella se encontraba dentro.
Al enterarse, quienes estaban en el restaurante se trasladaron rápidamente hacia la vivienda, donde se confirmó la tragedia.
Las autoridades identifican a Víctor González Martínez, oriundo de Villa Mella, Santo Domingo, como el principal implicado. Según versiones de comunitarios, tenía poco tiempo residiendo en la zona y ocupaba sin autorización la casa abandonada cercana.
Algunos residentes señalaron que previamente había tenido conflictos en otro sector del municipio, lo que habría motivado su traslado. Un comunitario indicó que llegó a conversar con él y lo percibió nervioso y alterado.
Otros moradores afirmaron que el hombre presentaba comportamientos inusuales, como pedir comida frecuentemente pese a llevar poco tiempo en el lugar, y aseguraron que presuntamente consumía sustancias ilícitas.
Entre lágrimas, Yolanda Frías relató el profundo impacto que ha causado la muerte de su hija, a quien describió como la menor de su familia.
Explicó que se encontraba en Estados Unidos cuando recibió la noticia, inicialmente de forma parcial debido a que recientemente había sido sometida a una cirugía de corazón.
No fue hasta su llegada al país que comprendió la magnitud de lo ocurrido. Al ver el féretro, le confirmaron que se trataba de su hija, momento en el que comenzó a conocer los detalles del caso.
En medio de su dolor, cuestionó además cómo el principal sospechoso habría sido vinculado laboralmente al ayuntamiento sin, según ella, una evaluación previa adecuada.
Finalmente, hizo un llamado a las autoridades para que profundicen las investigaciones y logren dar con el paradero del señalado, con el fin de esclarecer completamente lo sucedido y determinar si hubo otras personas involucradas.
Con la voz entrecortada, resumió su estado emocional con una frase desgarradora: “Estoy muerta en vida”.