En un salón cualquiera, un recién nacido duerme con los puñitos apretados y la piel sonrosada. Sin embargo, este bebé no llorará de madrugada ni crecerá con los años: es un muñeco "reborn". Mientras Europa enfrenta una crisis demográfica sin precedentes, con tasas de fecundidad de apenas 1,16 hijos por mujer en España, este fenómeno de la "fake parenthood" o pseudomaternidad ha dejado de ser un nicho para convertirse en una tendencia social y digital.
Estas figuras hiperrealistas, elaboradas con vinilo o silicona, son auténticas piezas de artesanía que pueden superar los 6.000 euros. El nivel de detalle es tal que incluyen injertos capilares pelo a pelo y venas visibles, pero la tecnología ha llevado el realismo un paso más allá. La integración de inteligencia artificial y sistemas animatrónicos permite ahora que los muñecos simulen respiración, latidos cardíacos e incluso microespasmos, creando una experiencia que muchos tildan de "eugenesia digital" aplicada al afecto.
Para expertas como la neuropsicóloga Beatriz González, este boom responde a necesidades profundas, como "generar vínculos de apego sin riesgo de pérdida" o aliviar la soledad y la insatisfacción vital. En un contexto donde tener hijos es cada vez "más caro, más tardío y más incierto", el "reborn" ofrece una maternidad reversible: la criatura se puede apagar o guardar en una caja cuando la responsabilidad agobie.
El perfil de quienes adquieren estas piezas es variado. María del Valle Escudero, pionera en España, señala que la mayoría son mujeres de alto poder adquisitivo, aunque también hay niñas que los reciben por su Comunión. Casos como el de Nicole Gómez, que posee más de 600 muñecos, o Cristina (Mandarina Reborn en TikTok), quien no desea hijos biológicos pero disfruta creando contenido sobre los cuidados de sus muñecos, demuestran que el fenómeno va desde el coleccionismo puro hasta el juego de rol.
No obstante, la controversia acompaña al movimiento. Aunque psicólogas como Patricia Lodeiro defienden su uso terapéutico para autorregularse emocionalmente o transitar duelos, advierten que el riesgo surge cuando la simulación sustituye al vínculo real, generando una desconexión con la realidad. Las críticas en redes sociales son feroces, tildando a las usuarias de "locas", algo que el colectivo denuncia como un estigma misógino que no sufren otros hobbies de adultos, como el modelismo ferroviario.
En definitiva, el fenómeno "reborn" plantea una pregunta incómoda sobre la sociedad actual: ¿qué ocurre cuando el deseo de cuidar no encuentra cauce en la realidad? Como señala el auge de los "kidults", en un mundo de exigencias extremas, lo infantil ofrece un refugio sin consecuencias donde el afecto se puede comprar por catálogo.