
La Corte Suprema de Estados Unidos escuchó este martes argumentos sobre si los estados pueden prohibir que atletas transgénero participen en deportes escolares y universitarios femeninos, un debate que llega por primera vez al máximo tribunal y que podría tener impacto en buena parte del país.
La discusión se produce en el contexto de la política impulsada por la Administración del presidente Donald Trump sobre identidad de género.
El alto tribunal analiza los casos de dos jóvenes atletas trans: Becky Pepper-Jackson, estudiante de secundaria en Virginia Occidental, y Lindsay Hecox, alumna de la Universidad de Idaho. En ambos estados rigen leyes que impiden a las mujeres trans competir en equipos deportivos femeninos.
Tribunales inferiores fallaron previamente a favor de las dos demandantes, al considerar que estas prohibiciones violan derechos constitucionales. Sin embargo, la Corte Suprema, integrada por una mayoría conservadora de seis jueces frente a tres liberales, podría revertir esos fallos. Una eventual decisión en ese sentido también afectaría a legislaciones similares en otros 27 estados del país.
Durante la audiencia, el abogado que representa a la Administración Trump defendió que los estados deben poder organizar sus equipos deportivos con base en el sexo asignado al nacer, alegando la existencia de “diferencias biológicas reales entre hombres y mujeres”. Según esta postura, permitir que mujeres trans participen en deportes femeninos afectaría la equidad de la competencia.
Entre ellas figura una orden ejecutiva que reconoce únicamente dos sexos —masculino y femenino— y establece que el sexo consignado en los documentos oficiales debe corresponder al asignado al nacer, una decisión que ha sido impugnada por organizaciones y activistas del movimiento LGTBIQ+.
El presidente también ha expresado públicamente su rechazo a la participación de atletas transgénero en deportes femeninos, postura que ahora es examinada indirectamente por la máxima instancia judicial del país.