Los niveles elevados de triglicéridos en la sangre pueden desencadenar una condición grave conocida como pancreatitis aguda, advirtieron especialistas. El cardiólogo Ángel González Medina explicó que cuando los triglicéridos superan 500 mg/dL en Estados Unidos o 800 mg/dL en Europa, el riesgo de complicaciones severas aumenta significativamente, incluyendo daño al páncreas e incluso riesgo de muerte.
“Mientras más altos son los triglicéridos, mayor es la probabilidad de desarrollar pancreatitis aguda, una enfermedad que puede ser muy severa”, señaló González Medina durante su intervención en Cátedra Médica.
La hipertrigliceridemia se caracteriza por un aumento de los niveles de triglicéridos en la sangre. Los valores normales se sitúan hasta 150 mg/dL, aunque algunas sociedades médicas consideran hasta 175 mg/dL como límite. Por encima de estos niveles se considera que existe hipertrigliceridemia, un factor de riesgo que requiere seguimiento y, en casos extremos, tratamiento médico.
“Los triglicéridos se pueden modificar con cambios de estilo de vida, principalmente mediante dieta y ejercicio. Si estas medidas no son suficientes y los niveles permanecen altos, se requiere intervención médica”, indicó el cardiólogo.
González Medina enfatizó la importancia de reducir el consumo de alimentos fritos y con alto contenido de grasas, así como de carbohidratos simples, dado que los azúcares se convierten en grasa y se acumulan en el hígado, contribuyendo a la enfermedad grasa no alcohólica.
“El manejo adecuado de la dieta y la actividad física no solo ayuda a bajar los triglicéridos, sino también a prevenir complicaciones graves como la pancreatitis aguda”, explicó.
El especialista destacó que no todos los aumentos de triglicéridos requieren tratamiento inmediato. Solo cuando los valores superan los 500 mg/dL, como ocurre en ciertos casos extremos, se considera urgente la intervención para evitar daños mayores.
El cardiólogo recomendó controles periódicos a través de análisis de sangre para monitorear los niveles de triglicéridos, especialmente en personas con antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares o pancreáticas. Un seguimiento constante permite detectar cambios a tiempo y aplicar estrategias de prevención eficaces.