¿Usted a quién le cree cuando el país entra en turbulencia?
¿Al presidente en una alocución solemne o al periodista que cuestiona sus cifras al día siguiente?
¿Al boletín oficial o al titular que lo contradice?
¿A quién le cree usted cuando el país entra en crisis? ¿A un ministro en cadena nacional o a un periodista en horario estelar? ¿A la institución que gobierna o al medio que la fiscaliza?
La respuesta, según el Barómetro de Confianza Edelman 2026, no es uniforme. Pero revela algo más inquietante que una simple competencia entre dos poderes: la confianza ya no se decide entre medios y gobierno. Se está retirando hacia lo cercano, lo familiar, lo que se parece a nosotros.
En muchas democracias occidentales, la prensa supera al gobierno en credibilidad. No por amplio margen, sino por diferencia relativa dentro de un clima general de escepticismo.
En otras regiones, especialmente en Asia y Medio Oriente, el gobierno concentra mayores niveles de confianza que los medios.
El dato que incomoda
A nivel global, el 54 % de los encuestados dice
⦁ Estados Unidos (+5) mantiene una ligera ventaja mediática.
⦁ Canadá (-1) está prácticamente equilibrado.
⦁ Argentina (-3) se inclina levemente hacia el gobierno.
La tendencia dominante en América es que los medios superan al gobierno en confianza, aunque en ningún caso —salvo México— se trata de cifras sólidamente altas. En varios países ambos están por debajo del umbral de confianza robusta (60 %).
No es una victoria contundente. Es una preferencia relativa dentro de un clima de desconfianza estructural.
La grieta institucional
Los casos extremos revelan tensiones profundas.
En Kenia, el 70 % confía en los medios, frente a apenas un 47 % en el gobierno. Es la brecha más grande a favor de la prensa. ¿Qué dice esto? Que el periodismo puede convertirse en refugio cuando el poder político pierde legitimidad.
En sentido inverso, países como Suecia, Japón y Corea del Sur muestran mayor confianza en el gobierno que en los medios, aunque con puntuaciones moderadas. Allí, la institucionalidad política parece conservar una credibilidad estructural superior a la mediática.
Y está el caso singular de Irlanda: empate. Misma confianza en medios y gobierno. Un raro equilibrio en tiempos de fractura global.
Pero la
⦁ COVID-19: generó escepticismo frente a los edictos gubernamentales y, en algunos sectores, frente a la ciencia.
⦁ Geopolítica y nacionalismo: tensiones comerciales y guerras culturales reforzaron la lógica de “nosotros contra ellos”.
⦁ Desinformación: el 65 % a nivel global teme que actores extranjeros contaminen deliberadamente los medios para inflamar divisiones internas.
En ese contexto, la confianza se vuelve local. En la página 15 del informe, se observa que, tras eventos sociales recientes, las personas dicen haber perdido confianza en líderes gubernamentales (-16 puntos netos) y en grandes medios (-11), pero haber ganado confianza en vecinos, compañeros de trabajo y su propio CEO.
De “nosotros” a “mi círculo”.
La pregunta ya no es si confío en el gobierno o en los medios. Es si confío en alguien fuera de mi burbuja.
Medios vs gobierno: una competencia desigual
Desde una perspectiva institucional, la comparación es compleja.
El gobierno administra recursos, impone normas, toma decisiones coercitivas. La confianza en él implica delegar poder real.
Los medios, en teoría, fiscalizan, informan y contextualizan. La confianza en ellos implica creer que seleccionan y narran hechos con honestidad.
Cuando los medios superan al gobierno en confianza, como ocurre en muchas democracias occidentales, puede interpretarse como una señal de salud democrática: el periodismo aún conserva credibilidad como contrapeso.
Pero cuando ambos están por debajo del 50 %, como en varios países europeos
⦁ El 42% de empleados dice que pondría menos esfuerzo si su líder tiene creencias políticas distintas.
⦁ El 34% apoyaría reducir empresas extranjeras incluso si eso encarece los precios.
La desconfianza frena innovación, productividad y cooperación internacional.
En otras palabras: no confiar sale caro.
¿Quién puede reconstruir la confianza?
Paradójicamente, el informe sugiere que el actor mejor posicionado para “intermediar confianza” no es el gobierno ni los medios, sino los empleadores.
El 78 % de los empleados confía en su empleador a nivel global. Es la institución con mayor confianza sostenida.
¿Significa eso que las empresas deben asumir el rol de mediadores sociales? ¿Es deseable que el sector privado ocupe el vacío de legitimidad pública?
Aquí surge una tensión ética.
El informe habla de “trust brokering”: facilitar diálogo entre grupos que se desconfían sin intentar cambiarlos, sino traduciendo intereses comunes. Es una estrategia pragmática. Pero plantea otra pregunta: ¿estamos desplazando la responsabilidad cívica hacia el mercado?
Entonces, ¿en quién confiamos más?
Volvamos a la pregunta inicial.
En términos globales, la diferencia entre medios y gobierno es mínima. Pero el mapa muestra tres patrones:
⦁ Democracias occidentales:
⦁ Asia y Medio Oriente: mayor confianza en el gobierno, en algunos casos con niveles altos.
⦁ Brechas pronunciadas: países donde una institución supera claramente a la otra, reflejando tensiones internas.
Pero el dato decisivo no es quién supera a quién.
Es que el 70 % de las personas tiene una mentalidad de confianza insular. La confianza ya no es institucional. Es tribal.
En ese contexto, la competencia entre medios y gobierno parece secundaria. La verdadera disputa ocurre en el terreno cultural: ¿podemos volver a confiar en alguien que no piensa como nosotros?
Un dilema para República Dominicana
Aunque el informe no incluye a República Dominicana, el fenómeno no nos es ajeno. Polarización política, debates digitales incendiarios, sospechas sobre medios “alineados” y acusaciones constantes al gobierno de turno son parte del paisaje.
La pregunta no es sólo en quién confían los dominicanos hoy. Es qué tipo de confianza queremos construir.
¿Una confianza que premie la transparencia, la rendición de cuentas y la pluralidad?
¿O una confianza condicionada a la afinidad ideológica?
El estudio revela algo más profundo que la comparación medios-gobierno: el 70 % de las personas admite ser renuente a confiar en alguien diferente a ellos.
Eso significa que la crisis no es solo institucional. Es cultural.
La confianza no está migrando del gobierno a los medios.
Está migrando hacia la tribu.