
Investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana desarrollaron un método experimental que permitió “despertar” recuerdos en ratones envejecidos y con Alzheimer. El hallazgo, publicado en Neuron, sugiere que la memoria afectada por la edad o por enfermedades neurodegenerativas podría no estar completamente perdida, sino inaccesible.
El trabajo fue liderado por Gabriel Berdugo-Vega junto a un equipo multidisciplinario del Instituto Cerebro y Mente en Suiza.

Durante años, la ciencia ha sabido que los recuerdos se almacenan en engramas, pequeños conjuntos de neuronas distribuidos en distintas regiones del cerebro. Con el envejecimiento o el avance del Alzheimer, estos circuitos pierden eficacia y la evocación de recuerdos se debilita.
La gran pregunta era si esos recuerdos se destruían o si simplemente quedaban fuera de alcance.
Estudios previos habían mostrado mejoras cuando las intervenciones se aplicaban antes del deterioro. Sin embargo, no se había demostrado que fuera posible recuperar memorias cuando el daño ya estaba instalado.
El equipo suizo decidió probar una estrategia distinta: reprogramar parcialmente solo las neuronas que almacenaban recuerdos específicos, en lugar de intervenir todo el tejido cerebral.
La técnica se basó en una versión controlada de reprogramación celular utilizando tres de los llamados factores de Yamanaka (Oct4, Sox2 y Klf4), excluyendo cMyc para reducir riesgos como tumores o pérdida de identidad neuronal.
El procedimiento consistió en inyectar virus modificados en el hipocampo y la corteza prefrontal medial de los ratones. Estas regiones están estrechamente vinculadas con la memoria.
Mediante el uso de doxiciclina, los científicos lograron activar la reprogramación únicamente en las neuronas implicadas en la formación de recuerdos concretos.

Los resultados fueron llamativos:
Incluso un “reloj cognitivo” basado en test conductuales confirmó la reversión del deterioro en los animales tratados.
El estudio se realizó únicamente en ratones con Alzheimer inducido por acumulación de amiloide, por lo que no puede extrapolarse a todas las formas de demencia.
Además, la evaluación se realizó dos semanas después de la intervención, lo que deja abierta la pregunta sobre cuánto tiempo se mantienen los efectos.
Los investigadores advierten que será necesario ampliar los ensayos a otras regiones cerebrales y a distintos modelos antes de pensar en aplicaciones clínicas.
El hallazgo desafía la idea de que el deterioro cognitivo es totalmente irreversible. En lugar de desaparecer, las capacidades podrían quedar restringidas por cambios celulares que, al menos en modelos animales, parecen modificables.
Aunque todavía falta un largo camino antes de trasladar esta técnica a humanos, los resultados abren una vía de investigación esperanzadora: la posibilidad de que, en el futuro, ciertas memorias no se pierdan para siempre, sino que puedan volver a activarse.
Con información de Infobae