
El mercado petrolero reaccionó con subidas en la primera sesión bursátil posterior a la captura de Nicolás Maduro en Caracas. El barril de WTI avanzó un 1,7 % y se ubicó en 58,32 dólares, en una jornada caracterizada por una alta volatilidad.
Tras el operativo militar estadounidense, los precios se dispararon inicialmente, luego retrocedieron ante la expectativa de un eventual aumento de la producción venezolana y, finalmente, retomaron la senda alcista cuando los inversores asumieron que el país no tiene capacidad inmediata para incrementar su oferta, pese a los anuncios de futuras inversiones promovidas por Donald Trump.
El reajuste del mercado respondió a la percepción de que, aun con un cambio político y respaldo externo, la industria petrolera venezolana enfrenta limitaciones estructurales que impiden una rápida recuperación de los volúmenes de producción.
Las acciones de las principales compañías del sector energético lideraron las ganancias en Wall Street. Chevron registró un alza superior al 5 %, impulsando al índice Dow Jones hasta un máximo histórico de 48.977,8 puntos, con una subida del 1,2 %.
Halliburton avanzó un 7,8 %, mientras que ConocoPhillips y ExxonMobil también cerraron la jornada en terreno positivo, según datos citados por Reuters.
El optimismo se extendió más allá del sector energético. El índice FTSE 100 de Londres superó por primera vez la barrera de los 10.000 puntos, y los activos considerados refugio, como el oro y la plata, también mostraron avances, reflejando la cautela de los inversores ante el aumento del riesgo geopolítico tras la intervención estadounidense en Venezuela.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del planeta, calculadas en unos 303.000 millones de barriles por la OPEP. Sin embargo, su producción actual, afectada por años de sanciones y desinversión, se mantiene por debajo del millón de barriles diarios.
Analistas consultados por Reuters y AFP coinciden en que el impacto inmediato de la detención de Maduro y de las promesas de capital extranjero será reducido.
Jorge León, analista geopolítico de Rystad Energy, explicó a AFP que incluso con inversiones y levantamiento de restricciones, el país podría tardar entre cinco y siete años en duplicar su producción hasta los dos millones de barriles diarios.
En una comparecencia ante la prensa, Donald Trump afirmó que su Gobierno canalizará “miles de millones de dólares” para reconstruir la infraestructura petrolera venezolana y reiteró su intención de levantar sanciones, lo que permitiría reactivar las exportaciones.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, señaló que uno de los objetivos inmediatos será refinar crudo pesado venezolano en instalaciones estadounidenses.
De acuerdo con fuentes citadas por Político, esta estrategia incluiría la posibilidad de devolver activos previamente confiscados a empresas petroleras de Estados Unidos, siempre que participen en la reactivación de la industria venezolana.
Expertos como Phillippe Waechter, economista jefe de Ostrum (Natixis IM), advirtieron en declaraciones recogidas por Reuters que Venezuela podría ganar peso como proveedor alternativo ante el estancamiento del esquisto estadounidense, aunque subrayaron que la recuperación del sector depende de factores políticos y económicos que van más allá del corto plazo.
Analistas de Reuters y EFE coincidieron en que la incertidumbre política sigue siendo clave: el proceso de transición en Venezuela y el rol directo de Washington podrían generar resistencias internas y externas, añadiendo nuevos focos de riesgo para la estabilidad futura del suministro petrolero global.