
Un equipo de investigadores en Brasil logró el nacimiento del primer cerdo clonado en América Latina con fines de producir órganos destinados a posibles xenotrasplantes dentro del sistema público de salud.
El animal fue obtenido en un laboratorio de Piracicaba, como resultado de casi seis años de estudios encabezados por la Universidad de São Paulo, con el respaldo de la Fundación de Amparo a la Investigación del Estado de São Paulo.
La iniciativa, iniciada en 2019, busca reducir la dependencia de importaciones en este tipo de procedimientos médicos y avanzar en la creación de cerdos modificados genéticamente que no provoquen rechazo en el organismo humano.
Según explicó el investigador Ernesto Goulart, se trata de un hito relevante debido a la complejidad de la clonación porcina, lo que acerca la posibilidad real de trasplantes entre especies.
Para conseguirlo, los científicos eliminaron tres genes asociados al rechazo inmunológico en humanos e incorporaron segmentos con siete genes humanos en células porcinas. Posteriormente, los embriones fueron implantados en hembras híbridas de las razas Landrace y Large White.
Tras cerca de cuatro meses de gestación, nació el primer clon saludable con un peso de 1.7 kilos. Actualmente, otros embriones continúan en desarrollo en estos laboratorios, considerados pioneros en la región.
El objetivo es conformar una población suficiente de estos animales que permita su reproducción natural, disminuyendo así la necesidad de recurrir constantemente a la clonación.
Se estima que, al alcanzar los siete meses, los cerdos estarán en condiciones de donar órganos como riñones, córneas, corazón y piel, que representan la mayor demanda de trasplantes en el país.
Goulart advirtió que, sin este tipo de avances, el sistema sanitario podría depender de otros países, lo que implicaría riesgos para su autonomía.
Aunque hasta ahora ningún país ha aprobado oficialmente los xenotrasplantes, se han realizado pruebas con resultados limitados, como trasplantes de corazón con una supervivencia cercana a 60 días y casos de riñón con mayor duración.
Pese a estas limitaciones, los expertos consideran que esta tecnología podría ser clave para salvar vidas en situaciones críticas, especialmente en pacientes que requieren un trasplante urgente.