El premier israelí ratificó su decisión de mantener las tropas en Gaza durante la tregua, mientras que Hamas exige que el cese del fuego imponga el retiro de las Fuerzas de Defensa de Israel de la Franja.
Es decir: Israel debería desplegar una fuerza de ocupación durante un tiempo razonable para garantizar que sus fronteras no sufran un nuevo ataque terrorista. La idea de Netanyahu ya fue rechazada por Qatar y Egipto en nombre del mundo árabe, y no hay una sola posibilidad que sea aceptada por la Casa Blanca.
El presidente de los Estados Unidos diseñó una propuesta diplomática que incluye una tregua por etapas, la libertad de los rehenes, ayuda humanitaria y un proceso de negociación que debería desembocar en la reconstrucción de Gaza junto a un gobierno palestino sin Hamas u otros grupos terroristas.
Netanyahu avaló la iniciativa de Biden, pero a continuación fue sumando ciertas enmiendas que pusieron las conversaciones en un impasse de hecho. El premier israelí juega con la debilidad política de Biden -ya es Pato Cojo- y con su cercanía ideológica con Donald Trump, que lo recibirá mañana en su residencia de Mar o Lago (Florida).
El premier israelí conoció a Trump en los 80, siendo embajador de Israel en las Naciones Unidas. Y desde ese momento la relación entre ambos tuvo la dinámica de una montaña rusa. Hubo años de contacto cotidiano, y momentos de fricción infinita. Pero en la suma final, el actual candidato republicano benefició a Netanyahu.
Durante la administración de Trump, y a pedido de Netanyahu, Estados Unidos reconoció a Jerusalem como la capital de Israel, aceptó que las Alturas del Golán -exigidas por Siria- forman parte del territorio israelí y negoció los Acuerdos de Abraham, que significaron un importante acuerdo diplomático con los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein.
Netanyahu ratificó en el Capitolio su alianza estratégica con Washington e identificó a Irán como enemigo común. Pero esta mirada geopolítica no significa que el premier israelí cambie su perspectiva respecto a Hamas y el eventual cese del fuego en Gaza.
Netanyahu tiene agenda propia, que en estos momentos no coincide con la hoja de ruta que plantea la administración demócrata.
La vicepresidenta tiene una mirada más crítica que Biden respecto a la estrategia bélica de Israel en Gaza y afirmó que la guerra “causó una tragedia humanitaria”.
Harris no concurrió al Capitolio para escuchar a Netanyahu, pese a que debía encabezar la sesión especial por su condición de Vicepresidenta de los Estados Unidos. Harris, que también es candidata a presidente, optó por viajar a Indianápolis para protagonizar un acto de campaña electoral.
Netanyahu tomó nota del asunto, y asume que tendrá un cónclave tenso con Harris.
A diferencia de Biden, que lo conoció en DC cuando era apenas un funcionario de la embajada israelí, con la vicepresidenta y candidata nunca se encontró a solas. Distintas generaciones, diferentes miradas del mundo y el poder.