Bendición a una tradición puertorriqueña: un museo revive el arte de los santos

El MUSAN preserva la herencia artesanal puertorriqueña y promueve nuevas interpretaciones artísticas. Próximamente celebrará "El Altar Puertorriqueño", reuniendo a 50 santeros y convirtiendo a los santos en símbolos de identidad cultural.

En San Juan, el Museo de los Santos y Arte Nacional (MUSAN) está devolviendo vida a una tradición artesanal profundamente puertorriqueña: los santos, pequeñas esculturas talladas en madera que representan figuras religiosas.

Durante siglos, estos santos fueron parte esencial de los altares domésticos en comunidades rurales católicas de la isla, especialmente para quienes no podían asistir a las iglesias en las ciudades.

El proyecto nació de la pasión de Richard Holm, propietario de una casa de huéspedes en el barrio Santurce, y del médico e historiador José Guillermo “Billy” Torres Meléndez, quien desde niño comenzó a coleccionar estas figuras tras encontrar una en la basura en su pueblo natal, Morovis. Con el paso de los años, Torres acumuló cientos de piezas donadas por familias que ya no conservaban altares.

Cuando la colección conjunta de Holm y Torres superó las 400 esculturas, ambos decidieron inaugurar el museo en un antiguo taller de impresión en 2022. Desde entonces, el MUSAN se ha convertido en un punto de encuentro entre la tradición y la modernidad artística de Puerto Rico.

Un arte tradicional con nueva inspiración

Según el periodista cultural Víctor Ramos Rosado, del diario El Nuevo Día, el resurgimiento del interés por los santos está vinculado al orgullo cultural promovido por figuras como Bad Bunny, quien este año realizó una gira exclusiva en la isla.

Durante su estancia, el artista se reunió con jóvenes creadores, entre ellos Joshua Nazario Lugo, de 24 años, cuyo proyecto “Todopoderoso” se expone en el museo hasta el 9 de noviembre.

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La muestra de Nazario reinterpreta la tradición de los santos con figuras talladas de íconos puertorriqueños como Roberto Clemente, Blanca Canales, Héctor Lavoe y Ray Barretto. “Hay un dicho que dice: ‘Nadie en vida es santo hasta que muere’. Yo tallo personas que fueron controversiales o imperfectas, porque eso las hace humanas”, explicó el joven artista.

Entre la fe, el arte y la identidad cultural

Aunque los santos están estrechamente ligados al catolicismo, su valor trasciende lo religioso. La directora ejecutiva del museo, Marian Rodríguez Morales, explicó que el impacto emocional de las piezas sorprende incluso a los visitantes no creyentes. “He visto jóvenes llorar al ver algunos santos. Les conmueve descubrir que esto forma parte de una historia artística que habíamos descuidado”, afirmó.

Este otoño, el MUSAN celebrará “El Altar Puertorriqueño”, un evento que reunirá a 50 santeros de toda la isla, incluyendo maestros reconocidos como Pedro Pablo Rinaldi, Antonio Avilés (“Papo”) y José Manuel Millán, un escultor de tercera generación de San Germán.

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“Yo no hago piezas para decorar casas”, comentó Millán. “Busco crear arte que conecte con las personas.” Sus santos, todos en colecciones privadas, destacan por su precisión y espiritualidad.

Uno de sus coleccionistas, Roberto González, adquirió un San Sebastián por 9,000 dólares más una comisión de 2,000 al museo. “Fue una compra impulsiva, pero no me arrepiento. Los santos son parte de nuestra cultura, y nadie los ha preservado como este museo”, afirmó.