
Al menos seis personas perdieron la vida y decenas resultaron heridas en Ucrania, tras una nueva ola de ataques lanzados por Rusia durante la noche, que también provocaron graves daños materiales en varias regiones del país.
De acuerdo con autoridades locales, los bombardeos se extendieron por distintos puntos del territorio, afectando tanto infraestructura crítica como zonas residenciales, lo que ha incrementado la preocupación por la seguridad de la población civil en medio del conflicto.
La Administración Regional de Jersón informó que, en un período de 24 horas, la capital de la región y otros 31 asentamientos fueron atacados mediante una combinación de drones, artillería pesada y bombardeos aéreos, dejando un saldo preliminar de cuatro muertos y al menos 17 heridos.
En paralelo, en la región de Dniper, equipos de emergencia trabajaron entre los escombros de estructuras colapsadas, donde lograron recuperar los cuerpos sin vida de dos personas, elevando así el número total de víctimas mortales reportadas.

El ataque más intenso se registró en Dniper, una ciudad clave en el centro-este del país, donde los impactos provocaron explosiones de gran magnitud, incendios y el colapso parcial de edificaciones residenciales.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, reaccionó a los hechos a través de sus redes sociales, expresando sus condolencias a las familias de las víctimas y denunciando la continuidad de la estrategia militar rusa.
Según explicó el mandatario, las fuerzas rusas continúan empleando una combinación de drones de ataque, misiles de crucero y misiles balísticos, con el objetivo de impactar principalmente infraestructura civil, incluyendo edificios habitacionales, plantas energéticas y empresas.
Zelenski insistió en que estos ataques evidencian la urgencia de fortalecer la defensa aérea del país, señalando que “cada uno de estos ataques debe ser una señal clara para nuestros aliados sobre la necesidad de actuar con rapidez y firmeza”.
En esta misma región, las autoridades confirmaron que 14 personas resultaron heridas, entre ellas un niño de 9 años, quien recibió atención médica inmediata y permanece fuera de peligro. No obstante, la situación sigue siendo crítica, ya que posteriormente se reportó la desaparición de al menos seis personas, lo que mantiene activas las labores de búsqueda y rescate.
Además, se registraron incendios en múltiples puntos, mientras que al menos cinco edificios residenciales sufrieron daños considerables, obligando a varias familias a evacuar sus hogares.

En la región de Jersón, los ataques se concentraron tanto en la capital como en comunidades cercanas, donde las fuerzas rusas impactaron infraestructuras críticas, instalaciones sociales y áreas residenciales.
Los reportes indican daños en edificios de apartamentos, viviendas particulares y diversos bienes materiales, lo que ha complicado aún más la situación humanitaria en la zona.
Asimismo, se registraron afectaciones en un almacén, maquinaria agrícola, camiones, un minibús, una motocicleta y varios vehículos privados, lo que evidencia el alcance de los ataques y su impacto en la actividad económica local.
En Odesa, al sur del país, también se produjeron ataques con drones que dejaron al menos dos personas heridas y provocaron daños en infraestructura portuaria, considerada estratégica para las operaciones comerciales y logísticas de Ucrania.
El jefe de la administración militar regional, Oleh Kiper, informó que las víctimas están recibiendo atención médica, mientras continúan las evaluaciones de daños en edificaciones residenciales afectadas por la ofensiva.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia reconoció la ejecución de un ataque masivo contra territorio ucraniano, aunque aseguró que las operaciones estuvieron dirigidas exclusivamente contra objetivos militares y energéticos.
Según el comunicado oficial, las fuerzas armadas rusas emplearon armas de alta precisión y largo alcance, lanzadas desde plataformas terrestres, aéreas y marítimas, además de vehículos aéreos no tripulados, como parte de una respuesta a acciones previas atribuidas a Ucrania.
Las autoridades rusas sostienen que los blancos incluyeron instalaciones del complejo industrial-militar, así como infraestructuras del sector energético y portuario, las cuales —según su versión— son utilizadas en apoyo a las operaciones del ejército ucraniano.
Sin embargo, desde Kiev se insiste en que los ataques continúan afectando de manera significativa a la población civil, incrementando el número de víctimas y el deterioro de las condiciones de vida en diversas regiones del país.