
Luis Abinader está obligado a la visión holística: estabilidad y seguridad, necesidades ciudadanas, legado político y mantenimiento de su partido en el poder. Los aspirantes presidenciales perremeístas, en la mayoría de los casos, solo tienen la mirada tubular de sus intereses, mientras que la oposición ejecuta una estrategia de tierra arrasada.
El mandatario transita un espinoso camino, con recursos insuficientes para abonar sus promesas electorales, en un entorno internacional nada auspicioso, con la dominante incertidumbre como signo de la era trumpista.
Abinader, trata de apurar el paso después del mal momento de la fallida reforma fiscal y del trauma de la amistad traicionada convertida en expediente de corrupción, pero se tropieza con piedras partidarias que ralentizan el avance.
El domingo 11 de enero, no laborable, un Consejo de Ministros extendido en una sesión de día completo, estableció las diez metas priorizadas, articulando presupuesto, planificación y seguimiento para privilegiar las de mayor valor público, impacto medible y capacidad de transformación en la vida de la gente. El encuentro se dio en un ambiente de rotación y nuevas designaciones de funcionarios.
Desde el oficialista PRM respondieron con impugnación a los nombramientos de independientes y de dirigentes de partidos aliados y denunciando la reducción del espacio partidario en el Estado y alegadas agresiones a empleados perremeístas. Aspirantes presidenciales movieron teclas para asegurar sus territorios o ganar otras áreas en medio de la confusión.
Algunas de las iniciativas del gobierno encuentran resistencia ciudadana, que muy pocos desde el gobierno enfrentan, mientras que la oposición “come con su dama”.
El camino más escabroso es la búsqueda de recursos para impulsar los proyectos priorizados, ya que ningún sector quiere ser tocado. Cuando Abinader asoma el dedo a la tecla fiscal, el ruido es ensordecedor, escaseando las sordinas oficiales.
Abinader lucía con mucho entusiasmo, tras salir del letargo emocional, pero las sustituciones se aplazan y algunas iniciativas se quedan en el papel o dando vueltas en el Congreso Nacional.
La “curva final” del gobierno llegó con tres años de antelación, precipitada por las aspiraciones presidenciales, sobre todo del oficialismo.
El país, el PRM, en su responsabilidad de partido de gobierno, deben estar por encima de los intereses particulares de los aspirantes presidenciales. Además, ningún aspirante podría triunfar en las elecciones del 2028, sin una buena o regular gestión de Abinader.
Lo más grave es que algunos candidatos, además de la actitud oportunista de proteger su aspiración, su espacio, parecería no importarles la suerte del gobierno. En su ignorancia, arrogancia y ceguera “ganan como quiera” y como dicen algunos en pasillos “Abinader es el que debe ocuparse de su gobierno”.
Abinader debería centrarse en su responsabilidad ante los 10 (¿11 o 12?) millones de dominicanos, como le ordena la Constitución y manejarse con prudencia y equilibrio frente a los aspirantes presidenciales, dada su responsabilidad partidaria de hacer los esfuerzos políticos y de gestión para posibilitar que el PRM repita en el 28. De persistir la insensatez, “dejar que los muertos entierren a sus muertos”.
Si el mandatario se queda empantanado frente a presiones internas, reduciría posibilidades de sumar puntos positivos a su gestión, reduciendo su legado y sin las garantías de vencer a la oposición en mayo del 2028.
Los opositores levantan expedientes y los propios muestran “maletines llenos de facturas” para desacreditar… Dos expresidentes que suman 20 años de gobierno están activos en las calles con equipos de experiencia técnica y política y con apetito de poder. Persisten las diferencias personales, pero sería una pésima apuesta del PRM recostarse en las pasiones, que casi siempre ceden a los intereses políticos, fundamentalmente cuando hay ansias de venganza.